Sentada, frente a mi computadora apoyada en el escritorio. Muchas fotos, muchos souvernirs, mucho olor a nardo y mucho Cansei de Ser Sexy. Levanto la vista, examinando cada cosa de mi biblioteca para ver que puedo catalogar y mi mirada se detiene ante una caja de lápices (a propósito, encontré las tildes!) que habré comprado hace ¿1 mes? sólo para tenerlos. Ahí. Y poder usarlos si son necesarios. No me gusta no tener las cosas que necesito. Y si están ordenas mejor, aunque ese es otro tema. Tengo razón de perfeccionista. Ni alma ni ser. Razón. (véase, ascendente en Acuario). El orden es otra variante del perfeccionismo. No nos meteremos con él hoy.
Sigo mirando. Me topo con la caja que me regalaron "los Herrero" en ese entonces. Una cajita tipo cofre para uno de mis cumpleaños. Sonrío, la agarro y la abro y claro, dentro, todos los maquillajes disponibles. Perfect.
Me meto en otra cosa. Lápiz, papel. Dibujo. Una flor, una casa, un sol, un corazón.
El corazón me salió muy lindo. ¿Lo corto y lo pego en el escritorio? No, perfeccionismo first. Quiero pintarlo. Busco con la mirada la caja. La encuentro, la agarro, la abro. Busco. No encuentro, no hay rojo. No hay lápiz rojo. Tampoco hay naranja. Me saco. Los saco (a los lapices).
Los cuento. Hay 20. La caja dice 24. Puteo. Me pongo histérica y recuerdo que vinieron mis sobrinos hace una semana. Y en algún momento-pienso-los tendré que interrogar.
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1 comentario:
Hay los niños, pero vos, ya no sos niña? A mis ojos creo que si, aunque con mis ojos, sigo esperando, que vengas a revolverme las cosas, como hace millones de años atras.
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