lunes, 12 de mayo de 2008

Shame for you

It's your turn to learn
I think that you know where to go
It's a shame, shame, shame for you

Soy una persona exigente. Así sarpado, con todo. Hasta con las demás personas. Ayer lo hablaba con Mapu. Así como le pedí que dejara de disminuírse, él me pidió que dejara de ser así de exigente (algo como "dejá de ser así de rompe pelotas con todo, mujer").
Veamos. Sacando por sacar un ejemplo de la galera, me requeterecontra hincha los ovarios que alguien no haga algo ni siquiera por siemple educación. Me requeterecontra hincha más los ovarios cuando me hacen algo que yo que no lo haría jamás. Claro que, como en casi todos los casos son personas con las que comparto casi todos mis días, me callo, lo trago. Y me jode mucho tener que callarlo. Pero está en mi naturaleza viteh. Odio hacer sentir mal a una persona. Creo que es una de las cosas que peor me ponen. Y peor si sé que alguna de aquellas personas (véase, amigos, familiares) se va a enojar, que for god's sake, es lo último que me faltaría. Entonces volvemos al ciclo. (Yo acepto mis defectos y más si me los recalcan porque sé que de alguna forma u otra están jodiendo a otra persona y como a mí la gente no me chupa un huevo, porque no, porque es algo completamente egoísta, intento modificarlos en ciertos aspectos (vamos, si no, no sería yo)). Me requeterecontra rompe los ovarios que algunas personas no. Aclaro a mi pocos lectores, no es que quiera que el mundo sea como yo, please, no malinterpreten, pero ¿cómo podría ofenderse una persona de que le diga, no sé, que me escuche porque yo la escucharía? Ridículo. Y por ende, me saca mucho (conosco gente así).
Y hoy, exactamente hace, don't know, ¿una hora y algo? Buen, (focus Maire, please) en el 168 (mi gran colectivo, mío) había una gran embarazada. Una embarazada con un gran panza. COn un gran ente en su útero. Y claro, a su lado su marido. Iban a bajar. El marido va, toca el timbre y la embarazada se para y se dirige hacia él. El colectivo va frenando, para. Baja el tipo. Y yo, con mi naturaleza ensoñadora canceriana, recreo en mi mente una escena familiar. Típica parte de película que la chabona baja las escaleras y su amado la toma de la mano y la ayuda a terminar de bajar. Sonriendome a mí misma porque sabía lo que iba a ver, me encuentro con una decepción turbulenta. Literalmente, no la agarró un cazzo. Un carajo. Una mierda. Y encima había agua en la calle. La pobre embarazada de dieciochomil meses (no, exagero, debería estar de finales de 7) bajó como pudo. Y ahí sale mi rabia interior apoderandose de mi cara, a la cual obliga a expresarse con una boca entreabrierta, un ceño fruncido y una naríz alargada y mi voz, que larga una especie de gemido ahogado.
Vuelvo a ser la persona exigente. Again. Aquella que parece haber salido del siglo XVIII.

No hay comentarios: